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Aqui la ultima critica sobre 'El Buen Pastor'... A ir al cine cofrades para relajarse de tanta Kine... Hasta la proxima semana de estrenos... Y dejen de estar manoseandose en los cines ja, ja, ja...


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(The good shepherd)

CRÍTICA: Miguel Á. Delgado

La segunda película como director de Robert De Niro (si exceptuamos “Un golpe maestro”, donde tuvo que tomar las riendas de la dirección sin figurar en los créditos para sustituir a un Frank Oz despedido por sus desavenencias con el todopoderoso Marlon Brando) es mucho más ambiciosa que su primer título, “Una historia del Bronx”, porque pretende narrar, nada más y nada menos, el embrión, nacimiento y pronta corrupción de la CIA., la mítica agencia norteamericana de inteligencia que surgió como arma de lucha en un escenario, el de la Guerra Fría, en el que el enfrentamiento directo se fraccionó en innumerables conflictos de “baja intensidad” que se sucedieron como jugadas en un tablero de ajedrez mundial.

Y lo hace ciñéndose a un guión de hierro, firmado por Eric Roth, que personaliza su relato en la historia de Edward Wilson (Matt Damon), un brillante y patriota licenciado en Yale que desde los tiempos de la Universidad es captado por los servicios de inteligencia para servir a su país, contra los nazis primero, y contra los soviéticos y sus estados satélite después. Una elección, la de Damon, que se revela como uno de los aciertos de la película, pues logra poner sus marcadas limitaciones como actor al servicio de un personaje que tiene más de funcionario que de espía aventurero, un personaje con un enorme poder que administra con discreción, sin más palabras ni expresiones que las estrictamente necesarias, que va a trabajar en autobús y que es, en cierta manera, arrastrado en la vida por unas circunstancias que nunca controla: simplemente, hace “lo que tiene que hacer”… hasta pasar un punto de no retorno que le impedirá, definitivamente, y con el resto de su vida arruinada, plantearse siquiera el dedicarse a otra cosa.

Construida en una sucesión de flashbacks a partir del desastre de la fallida operación anticastrista de Bahía de Cochinos, que puso de relieve los fallos estructurales con los que había nacido la agencia y llevó a una profunda limpieza de su estructura, el metraje regala interpretaciones sobresalientes de varios de los actores más destacados del Hollywood actual: un William Hurt muy cómodo en su papel de una especie de “padrino” gubernamental; un Alec Baldwin definitivamente instalado en los secundarios con miga; una Angelina Jolie en lo que quizá sea su despedida hasta nuevo aviso de las pantallas; el particular toque british de Michael Gambon; un perfecto John Turturro; o la propina de una escena con el más que añorado Joe Pesci. Un menú que, a buen seguro, dejará satisfecho a cualquier cinéfilo que se asome a esta cinta.


Lástima que el cuidado de la producción o de la ambientación (sobresaliente la elegancia con la que se nos sitúa en el Londres bombardeado de 1941 o el Berlín soviético de 1945) se resienta por otras elecciones artísticas más discutibles (resulta difícil creer que Damon y Jolie puedan tener un hijo veinteañero, cuando poco en su aspecto nos muestra que haya pasado tanto tiempo desde la escena de su primera cita), o por una sobriedad y trascendencia que, si bien captan la atención del espectador, ésta termina resintiéndose de las casi tres horas de metraje, algo prohibitivo a no ser que seas un maestro como Francis Ford Coppola (aquí productor ejecutivo); y De Niro, aunque ha aprendido, y bien, muchas cosas buenas, no ha llegado aún a esa estatura.

Contar la historia de la CIA, en definitiva, es contar la de un grupo de funcionarios de élite, pero funcionarios al fin y al cabo. Quizá sea éste el motivo por el que la casi ausencia de verdaderos momentos dramáticos acaba pesando en un espectador que asiste a un aluvión de datos que busca equiparar el nacimiento y desarrollo de la agencia, en cierto modo, a la de una saga con puntos más cercanos a la de “El padrino” que a las aventuras de James Bond. Pero es difícil otorgar al relato intensidad cuando éste se centra, casi por completo, en las asépticas decisiones que se toman en un despacho o en los pasillos de un impersonal edificio gubernamental, y cuyas consecuencias apenas nos son sugeridas (salvo algunas escenas como la del interrogatorio, brutal a pesar de que no se pueda decir que se trate de un momento verdaderamente explícito). Aunque, pensándolo bien, quizá sea eso lo más terrible; qué pena que no haya calado del todo en el celuloide.

Calificación:

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