| un poema a Naudelena He aquí la solitaria, alimento de medusas, lunas hambrientas y cancerberos,
la irónicamente callada que es atravesada por el pico de los pájaros espinos que cantan mientras mueren.
He aquí la madreselva de sus propias paredes,
la de la cicuta voluntaria,
la que se ovilla con el dolor más grande y lo protege entre sus rodillas y el pecho.
La que lo espera, para que él nunca llegue, para que él nunca la abrace.
He aquí la que de tanto llorar sólo sabe reír con la mueca de la parca de los libros de pánico.
La de brazos de pulpo que lo quieren sostener y él no se deja.
La de alas Ícaras que pronto se derretirán,
la de la sombra de mar frío y tibio, la que se asusta y luego es guerrera,
la que es quemada por un rayo de azúcar para su corazón inerte,
la de ojos de gato cansado,
la de espíritu de libélula extranjera,
la que se tiende sobre un lecho de adioses y mil ausencias,
la que se siente sola entre tanta gente sola,
la que se come las uñas como único alimento para la ansiedad de sentirse perdida para siempre es para siempre
__________________ Vístete de putita, corazón, Vístete de putita, corazón, vuélveme loco. Ponte esas braguitas de nylón y luego te las quitas poco a poco. |