| Las veces que he comido allí me ha gustado, más que las cebicherías de Rosa Toro. Y el atractivo indiscutible son las meseras, todas chiquillas sub-22 en minifalda...
Solo que la última vez me quemé: me toco de mesera una zambita regordeta, no tan linda y medio botada. Al final le dejé una china de propina por que me llegó al pájaro...
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Somos nuestra memoria, somos ese quimérico museo de formas inconstantes, ese montón de espejos rotos. |